La movilización más impactante de todos los tiempos

Hace 21 años un helicóptero sobrevolaba un pueblo destruido. Hoy, más de cinco millones de argentinos le agradecen a la a la Scaloneta y festejan en la plaza.

Entre 5 y 6 millones de personas salieron a las calles este martes para agradecerle a la Selección Argentina la obtención de nuestra tercera Copa del Mundo. Lionel Messi y la Scaloneta tuvieron que terminar su caravana de celebración este martes con un sobrevuelo en helicópteros sobre una Buenos Aires desbordante de la manifestación más grande que se haya visto en nuestro país.

Al cabo de casi cinco horas de recorrido en un autobús descapotable que se movía prácticamente a paso de hombre, los jugadores renunciaron a proseguir por tierra su trayecto que había comenzado en el predio de la Asociación de Fútbol Argentino (AFA) en Ezeiza, periferia de Buenos Aires. La zona del Obelisco, en la avenida 9 de julio, tradicional lugar de celebración futbolística, se vio desbordada por millones de personas, lo que empujó a muchos aficionados a desplazarse hacia la cercana Plaza de Mayo, frente a la Casa Rosada, sede de la presidencia.

«Los Campeones del Mundo están sobrevolando todo el recorrido en helicópteros porque se hizo imposible seguir por tierra ante la explosión de alegría popular. Sigamos celebrando en paz y mostrándoles nuestro amor y admiración», anunció Gabriela Cerruti, portavoz de la Presidencia, en su cuenta Twitter. El presidente de la Nación, Alberto Fernández, dio su propio mensaje luego y aseguró que este «diciembre distinto» quedará «para siempre en nuestros corazones».

Aunque la gente mostró una cierta decepción de que los jugadores no entrasen al centro de Buenos Aires, igualmente continuaron celebrando el triunfo en las calles y las multitudes desconcentraron tranquilas.

Tras el regreso al predio de la AFA, los deportistas saludaron a la gente desde sus redes sociales y partieron a sus hogares. Messi, Dybala y Di María fueron vistos arribando a Rosario.

Mientras abrazaba la Copa del Mundo, Messi se despertó con un «Buen día» publicado en las redes sociales. «Fueron cerca de tres décadas en las que la pelota me dio muchas alegrías y también algunas tristezas», escribió. «Siempre tuve el sueño de ser Campeón del Mundo y no quería dejar de intentarlo, aún sabiendo que quizá nunca se daría», agregó en Instagram Messi, que a sus 35 años coronó con la Copa su brillante carrera. En su carta, agradeció a Maradona «que nos alentó desde el cielo» y cerró afirmando que «muchas veces el fracaso es parte del camino y del aprendizaje y sin las decepciones es imposible que lleguen los éxitos».

Una marea eterna de gente

La caravana partió desde Ezeiza a las 11:30 de la mañana y, a paso de hombre, tuvo una infinidad de estaciones obligadas. El micro blanco y descapotable, se paseó y se lució, con sus tres estrellas al frente y el eslogan “Campeones del mundo”, para que todos los que se acercaban pudieran saludar, al menos de lejos, a las figuras del fútbol que cosecharon un nuevo título del otro lado del Atlántico. Ver a Messi y a sus compañeros a la distancia, divisar el micro que transportaba a un plantel que cumplió con el objetivo y quebró el maleficio de casi cuatro décadas de injusta sequía.

Con botellas cortadas para compartir el clásico “viajero argentino” (relleno de bebidas espirituosas), al rayo del sol, provistos de bombos y redoblantes, los jugadores se pasaron de mano en mano la famosa Copa que besaban y abrazaban. Jugadores que son hinchas e hinchas que compartieron una alegría colectiva difícil de explicar. Paredes, De Paul, Messi, Di María y Otamendi, la línea de cinco en la cola del micro cerró la fila.

En las redes, contaron sus impresiones y la estupefacción por la reacción de la gente: «No busquen dinero, busquen gloria!! En nuestra tierra, con nuestra gente. Argentina, Argentina, Argentina!!!», posteó un emocionado Lisandro Martínez. Y un eufórico Rodrigo de Paul escribió: «No busquen dinero, busquen gloria, sean campeones del mundo que la gente los va a recordar y les va a agradecer toda la vida. Cinco millones de personas, somos distintos«. Los dos reversionaron las palabras de Lionel Scaloni cuando habló de ellos. 

La gente sacó fotos, mientras lanzaba camisetas (que eran firmadas y devueltas a la multitud) y aguardaba por una mirada o una mano en alto desde cualquier lugar (subidos a postes, a carteles y señales viales, desde semáforos y balcones); apenas un gesto que devolviera el saludo, como recompensa ante tanta espera. Jugadores que vienen, en muchos casos, de varios días sin dormir, sin descanso y cuya voluntad es empujada, sencillamente, por máxima felicidad. Todos, en conjunto, pintaron un océano de agradecimiento y admiración. 

Ser parte de la historia

Una movilización que se prolongó desde las 11:30 de la mañana hasta las 17hs y que convocó a gente de CABA, del conurbano y a muchísimas familias y amigos que viajaron especialmente desde diferentes provincias para ser parte de la historia. Un fenómeno inédito de algarabía popular que se vivió como tal.

Subtes y colectivos con servicio reducido, varios kilómetros cerrados al tránsito normal, con el objetivo de que la marcha del micro no se hiciera interminable. Por momentos, el curso normal fue imposible, la marea de gente que intentaba acercarse a los jugadores fue difícil de contener. La muralla de policías, un cordón que resguardaba a los protagonistas y que, cada tanto, también aprovechaba para tomar sus propias fotos. La meta de congelar un instante memorable: en el celular, en la retina y en el corazón. Postales de una jornada mágica.

Un centro porteño como epicentro que, otra vez, se vistió para la ocasión desde temprano. La comunión entre hinchas y jugadores que se confirmó una vez más en el último mes. La celebración que, como un enorme terremoto de alegrías, tuvo sus repercusiones en todos los puntos del país. Un día soñado largamente por los amantes del fútbol y disfrutado por todos. La tercera estrella, a partir de ahora, será bordada en cada escudo, y la celeste y blanca tendrá otro peso.