A 15 años de la masacre del taller clandestino de la calle Luis Viale, reclaman su expropiación

El 30 de marzo de 2006, dos adultos y cuatro niños murieron en el incendio. Exigen preservar el lugar, hoy en venta por inmobiliaria.

El 30 de marzo de 2006 un incendio en un taller textil clandestino que funcionaba en la calle Luis Viale, en la Ciudad de Buenos Aires, se llevó la vida de cuatro niños, un adolescente y una mujer embarazada.

Sus nombres: Juana Villca Quispe de 25 años de edad, Wilfredo Quispe de 15, Elias Carbajal Quispe de 10, Rodrigo Quispe Carbajal de 4, Luis Quispe de 4 y Harry Rodríguez Palma de 3 años.

No era el primer incendio que ocurría en ese lugar, pero la desidia patronal, junto a las condiciones de extrema precariedad y explotación impuestas en el taller clandestino, habilitaron la repetición del siniestro.

En junio de 2016, después de una década, el Tribunal Oral Criminal Nro 5 condenó a los encargados del taller, Luis Sillerico y Juan Manuel Correa, a trece años de prisión por reducción a la servidumbre, y ordenó a la justicia volver a investigar a los dueños de las marcas para las que el taller producía en forma exclusiva.

Sin embargo, en mayo de 2019 los dueños de las marcas y del inmueble, Daniel Alberto Fischberg y Jaime Geiler, fueron absueltos por el juez Alberto Baños, del Juzgado Criminal y Correccional Nro 27.

El juez Baños dictó el sobreseimiento de los empresarios por considerar que no se pudo probar que conocieran la situación de reducción a la servidumbre en el lugar.

El fallo, derivado sobre todo de la “sospechosamente pobre actuación de la fiscal Betina Vota”, señalan desde la Campaña por Justicia por las Víctimas de Luis Viale, “no sólo desconoce la clara vinculación de ambos con el taller -al punto que eran también dueños del inmueble- y las declaraciones de testigos en el juicio que dicen que Fischberg visitaba el taller, sino que además constituye un monumental incentivo a la tercerización en talleres textiles de estas características”.

A partir de este fallo las marcas pueden subcontratar a talleres clandestinos sin ningún riesgo legal.

Además, el fallo de Baños ordena restituir el inmueble a Fischberg y Geiler. No obstante, desde la Campaña por Justicia por las Víctimas de Luis Viale, junto a otras organizaciones sociales y gremiales de trabajadores textiles y costureros, reclaman la expropiación del inmueble para convertirlo en un espacio de memoria y contra la explotación laboral.

¿Quién hace tu ropa?

El caso del taller de Luis Viale forma parte de ¿Quién hace tu ropa?, el primer libro sobre industria de la indumentaria en Argentina, coordinado por Andrés Matta y Montero Bressán.

El capítulo de Ayelén Arcos cuenta cómo se vivía en ese taller: muestra los arreglos que tenía cada trabajador con el tallerista, que todos provenían del mismo pueblo de Cohana, en Bolivia, a 70 kilómetros de La Paz, por lo que había relaciones de parentesco entre el tallerista y algunos de los trabajadores explotados. “Esas relaciones explican en parte que no haya habido organización pese a que ninguno había cobrado lo que correspondía ni lo que se había arreglado con el patrón en cinco meses”, explicó Montero Bressán. Y advirtió: “Estamos en una situación en la que podríamos estar a las puertas de un nuevo Viale. Hay mucha producción local porque es muy difícil traer de afuera. Si bien el consumo está restringido por la pandemia, todo lo que se está vendiendo se está produciendo acá. Pero el empleo formal no está creciendo. Pasó también en 2002-2003, cuando la industria fue la primera en recuperarse pero el empleo en blanco fue más lento. La recuperación se dio sobre la base de talleres clandestinos y está pasando de vuelta. Estamos a cinco minutos de que vuelva a pasar”.

En tanto, tras el sobreseimiento de los dueños de las marcas, el reclamo se concentra en preservar el lugar. Por lo pronto, visibilizando el espacio para contribuir a evitar su venta y seguir luchando por la expropiación. Las paredes, cubiertas de memoria sobre el caso, aportan lo suyo: “Cuando llegamos a la puerta nos encontramos con las pintadas y las leyendas. Otro motivo más para que tengan razón de ser esas expresiones: informar cuando el dueño claramente lo oculta –dice la mujer que dio con el taller de Luis Viale cuando buscaba un terreno para su casa- Y funcionó ahí: además de como memoria en un sentido más amplio, como alerta concreta de ‘ah, fue acá’. En las propiedades de los costados también hay leyendas con los nombres de los chicos que fallecieron y pidiendo justicia. Que las familias sepan que tienen una función práctica las pintadas, que ayudan a la causa”.